Por Paulo Fernandes
El texto crítico “La Invención de Europa” es una propuesta del Espacio Cultural Afro-Bantu (ECAB) que incide sobre la perspectiva de producción de saberes para contribuir a la construcción de una cartografía afro-brasileña e historiográfica, en el sentido de traer reflexiones para otra visión epistémica del sujeto.
El continente reconocido hoy como Europa surge de un proceso de apropiación de culturas más antiguas, formando una sociedad que forjó y que continúa perpetuando sistemas de alienación y dominación. Este supuesto continente que, históricamente, generó grupos nacionalizados responsables por diezmar numerosos pueblos tradicionales en su ambición colonizadora, tiene el origen de su propio nombre a partir de una civilización originada fuera de sus territorios.
Según los mitos, Europa era la hija de Agenor y Teléfassa, rey y reina de Fenicia, y fue seducida por Zeus quien, para alcanzar su objetivo, asumió la forma de un toro (significado simbólico de fuerza, agresividad e ignorancia) y la llevó a Creta (del hebreo “Keret”, que significa “Ciudad Amurallada”). Esta historia inspiró a los antiguos griegos a usar Europa como término geográfico.
En la Antigüedad Oriental, los fenicios se destacaban por sus habilidades técnicas y comerciales, eran grandes navegantes y desarrollaron mapas celestes para el establecimiento de rutas marítimas. Los fenicios se orientaban por el sol durante el día y por la noche se guiaban por la constelación de la Osa Menor. Hicieron viajes más allá del estrecho de Gibraltar, en el Atlántico, y extensos viajes a lo largo de la costa de África, incluso hay registros de la presencia fenicia en Brasil, como la Pedra do Ingá, encontrada en Paraíba, que contiene inscripciones fenicias, según estudios arqueológicos. La llegada de ellos a esta región se justifica por ser Paraíba la primera tierra avistada aún en alta mar por el navegante en busca de tierras occidentales, fuera del continente negro.

Pero una de las mayores invenciones de la civilización fenicia, el “divisor de aguas”, fue el sistema de símbolos que consiste en un alfabeto fonético compuesto por veintidós letras. Combinando esos símbolos, era posible formar sonidos y escribir prácticamente todas las palabras que existen en el alfabeto greco-romano que conocemos actualmente. En este sentido, se constata que el origen del alfabeto (escrito y fonético) es fenicio (pertenece al grupo lingüístico semítico – arameos, asirios, babilonios, sirios, hebreos y caldeos), es decir, el propio alfabeto helénico, del cual derivan el latino y nuestros propios alfabetos, vino del Medio Oriente. Antiguos historiadores griegos escriben que un fenicio llamado Cadmo (‘antiguo’), quien en el mito es considerado hermano de Europa, les ofreció el alfabeto que comprendía el mismo número de letras y en el mismo orden que el hebreo; éste era el único alfabeto griego cuando tuvo lugar la Guerra de Troya. El número de letras fue aumentado a 26 por el poeta Simónides de Ceos, en el siglo V a. C.
Y, más allá del discurso eurocéntrico sobre pueblos tradicionales analfabetos, se destacan otros elementos del mito de Europa, donde la Diosa Semita, tras ser secuestrada por Zeus, recibe tres regalos: Talos, el hombre de bronce, que tendría la tarea de guardar Creta, impidiendo el desembarco de extranjeros y las fugas clandestinas, transformando la isla en una especie de fortaleza aislada del resto del mundo, además de representar la técnica del trabajo de metales a través del fuego; un perro que nunca dejó escapar ninguna presa, representando la capacidad griega de agarrar y transfigurar otras culturas; y una lanza que jamás fallaba el objetivo, señalando el antagonismo con Oriente. En este sentido, la degeneración de estos símbolos que llevan características identitarias europeas y occidentales, justifican una narrativa construida históricamente que es dañina para el (in)consciente colectivo, ya que esa franja de tierra llamada “Europa” sería considerada, en realidad, como una península asiática.
Como complemento a esta percepción, es valioso traer a la discusión estudios que evidencian el proceso histórico del blanqueamiento del ser humano, un fenómeno que se atribuye a factores climáticos de las diferentes regiones, dado que el fósil del Homo sapiens más antiguo fue descubierto en Etiopía, con una antigüedad de unos 160 000 años, mientras que registros del surgimiento de seres humanos con pigmentación de piel más clara comprueban que esa condición empezó a ser más común sólo alrededor de hace 25 000 años, debido a un proceso migratorio de poblaciones que habitaban África y se asentaron durante miles de años en regiones más hacia el norte, donde hoy está Europa, sufriendo alteraciones genéticas para adaptarse al clima frío y de baja incidencia solar. Considerando estos estudios científicos, el investigador senegalés Cheikh Anta Diop desarrolla la teoría de los dos cimientos civilizatorios, que parte del principio de que la Historia pasó a estructurarse a partir de estos dos complejos civilizatorios polarmente opuestos en su organización familiar, instituciones estatales y esquemas filosófico-morales. Por un lado se encuentra el cimiento Setentrional Leucodérmico (pueblos de piel blanca), refiriéndose a las civilizaciones nórdicas/europeas, caracterizado por el patriarcado, las ciudades-estado, la moral de la guerra y la idea de pecado; y por otro se tiene el cimiento Meridional Melanodérmico (pueblos de piel negra), refiriéndose a la cuna de la humanidad/continente africano, marcada por el matriarcado, el Estado centralizado y guiado por los principios de justicia y equidad.
Esta óptica de Diop, construida dentro de una filosofía de la historia, pone en entredicho el pensamiento moderno europeo que inventa la raza como categorización biológica de seres humanos, dado que el fenotipo de los diferentes pueblos del mundo es resultado de adaptaciones climáticas que perduraron milenios y no de una división biológica de superioridad entre esos grupos, que en realidad siguen siendo parte de la misma raza humana. En este ámbito, sí existen diferencias construidas a lo largo de la historia, pero en los aspectos culturales, de organización política y de visiones del mundo de esas sociedades, sin embargo no se debe perder de vista que el hecho de que el continente africano sea la cuna de la humanidad significa que todos los pueblos humanos parten de un origen común, y el reconocimiento de ese trayecto antropológico va en oposición a cualquier percepción que intenta colocar al negro/africano como inferior, porque su cultura matriz es la responsable de generar las demás culturas. Como dice la antropóloga afro-estadounidense Marimba Ani: “nuestra cultura es nuestro sistema inmunológico”.
En este contexto, vale citar el trabajo antropológico del periodista y político haitiano Joseph-Anténor Firmin (1850-1911) que, a través de su libro “La Igualdad de las Razas Humanas”, de 1885, se convirtió en reconocido por una refutación contundente del libro “Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas”, del filósofo francés Joseph Arthur de Gobineau (1816-1882), considerado como la obra inicial del pensamiento racista como ideología. En su libro, Gobineau destaca la superioridad de una supuesta “raza aria” y la inferioridad de una supuesta “raza negra”, así como de las personas que tienen la piel más oscura que otras. Este pensamiento fue compartido de manera general por la cultura europea de la época para justificar las campañas de conquista y explotación. En su crítica, Firmin sostiene lo contrario y afirma que “todos los hombres tienen las mismas cualidades y defectos, sin distinción de color o formas anatómicas, las razas son iguales”. En ese sentido, aunque él acepta la noción de “raza”, como un concepto biológico propio de la época, dedica un gran volumen para demostrar la igualdad de la especie.
Otro aspecto importante, y que está bastante alejado de la enseñanza escolar brasileña (secundaria y primaria), son ciertas cuestiones históricas de suma relevancia que se excluyen, como por ejemplo la presencia de los moros en Europa, más específicamente en la Península Ibérica, entre los siglos VIII y XV. Se trata de pueblos originarios del norte de África (hoy Marruecos y Argelia) convertidos al islam, quienes dejaron un legado en diversas áreas del conocimiento para España y Portugal, a saber: agricultura, astronomía, medicina, ingeniería, navegación, culinaria, técnicas de construcción, vestimenta e higiene, así como la matemática, incluyendo conceptos del sistema numérico indo-arábigo y el uso del cero, lo cual revolucionó Europa.
En la contemporaneidad, a pesar de todas las formas tecnológicas, aún no hemos alcanzado uno de los aspectos más amplios de la trayectoria de la humanidad, pues podemos citar la colonización surgida de la Era de los Grandes Navegaciones como conjunto de procesos que estableció una ignominia generalizada sobre la Historia de la Humanidad y que valoriza un eurocentrismo falsificador de nuestras identidades. Y, para ilustrar la oscuridad y la debilidad moral europea, destaca el masacre de Zong como una herida abierta en la historiografía mundial, donde, en 1781, 132 africanos esclavizados fueron lanzados vivos al mar por británicos, bajo el mando del capitán Luke Collingwood. En ese momento, esta matanza generó un conflicto internacional, ya que el referido capitán exigía una indemnización por los esclavos muertos al justificar una pérdida material, lo cual refuerza la objetificación de seres humanos en esa lógica mercantilista. Por otro lado, dos personajes históricos en la lucha por el abolicionismo británico se esforzaron por hacer pública la atrocidad de Zong: el nigeriano Olaudah Equiano y el inglés Granville Sharp, quienes juntos comenzaron a divulgar el caso, llevándolo al conocimiento de varios parlamentarios, con quienes tenían influencia, y para otras personas que ya habían escuchado hablar sobre ello, como ministros, que empezaban a inquietarse contra el tráfico de esclavos. A pesar de los esfuerzos del movimiento abolicionista para acusar este caso de asesinato como homicidio, nunca hubo una respuesta concluyente.
No es tolerable que esos grupos nacionalizados que robaron, mataron y violaron centenariamente mantengan una estructura de poder ante la comunidad internacional; Europa solo llegó a ser “rica” gracias a todo lo que logró expropiar de África, de las Américas y de otras regiones asiáticas. Más allá de Zong, los ingleses son responsables por las masacres en Kenia y los despojos en Rodesia, los franceses por robar masivamente en Dakar y en Costa de Marfil, los alemanes por los campos de concentración en Namibia y por la aniquilación de un pueblo guerrero cuyos cráneos aún se conservan en el Museo de Medicina de Berlín, los belgas por las atrocidades en el Congo, los portugueses por las excavaciones depredadoras en busca del oro de Angola y por las cacerías de esclavos en Mozambique; la codicia y la vanidad europeas regaron con sangre de niños inocentes los diamantes de Sierra Leona, entre innumerables otros genocidios cometidos en el continente africano y en las Américas.
En ese sentido, es importante tener la conciencia de que el fin gradual de la esclavitud en las Américas, durante el siglo XIX, fue planeado para proteger los intereses de los dueños de esclavos y propietarios de tierras que, en diferentes grados, recibían al menos algún tipo de compensación monetaria. Tras abolir la esclavitud en sus colonias, en 1834, Inglaterra indemnizó a los dueños de esclavos. Al abolir la esclavitud en 1848, Francia pagó 6 millones de francos (en veinte cuotas con interés anual del 5 %) a los antiguos propietarios de esclavos. Incluso Haití, que abolió la esclavitud y se volvió independiente en 1804, tuvo que pagar la enorme suma de 120 millones de francos para que su independencia fuera reconocida por Francia.
En Estados Unidos, los dueños de esclavos no recibieron indemnización, pero cabe recordar que la abolición de la esclavitud se dio en el contexto de una sangrienta guerra civil que mató al 2 % de la población del país. Aun durante la abolición gradual de la esclavitud, ya fuese en el Norte de los Estados Unidos o en Brasil, las leyes del vientre libre preveían algún tipo de indemnización para los dueños de esclavos. Además, los propietarios de esclavos recibieron indemnizaciones cuando la esclavitud fue abolida en la capital Washington D.C. en 1862.
En lo que respecta a Brasil, cerca de 4,8 millones de africanos fueron transportados al país y vendidos como esclavos a lo largo de más de tres siglos (otros 670 000 murieron en el camino) y, según el Inventario de los Lugares de Memoria del Tráfico Atlántico de Esclavos y de la Historia de los Africanos Esclavizados en Brasil (2013), el Puerto de São Mateus, en el estado de Espíritu Santo, fue uno de los principales puertos de llegada y venta de esos esclavizados, haciendo que el desarrollo económico de esa región, en el siglo XIX, tuviera como sustentador el trabajo esclavo del negro, que era comercializado en un muelle a orillas del río São Mateus. Tales prácticas perduraron incluso después de la promulgación de la Ley Euzébio de Queiroz, de 1850, siendo el último cargamento clandestino aprehendido en 1856 en el lugar, una goleta norteamericana llamada Mary E. Smith, con 450 africanos, mayoritariamente jóvenes de entre 15 y 20 años. Antes de dicha ley, tratados firmados por presión de Inglaterra tras la Independencia de Brasil fueron conocidos como “leyes para ingleses ver”, pues en la práctica las propias autoridades locales eran cómplices del contrabando. Además, en 1850, Don Pedro II firma la Ley de Tierras (Ley nº 601), que inhibía a los negros de tener acceso a la tierra. Esta cuestión está potenciada en el significado de la palabra “brasileiro”, que en la época colonial era un adjetivo que indicaba la profesión “extraedor de pau-brasil”, un término que justifica la esclavitud. De la misma manera, el bautismo trae esa representación del sumiso y del desterritorializado.
Todas las cuestiones aquí presentadas están intrínsecamente entrelazadas con el Mito de Europa y personificadas en la ideología de una “seudocivilidad” que niega y luego se apropia de las interpretaciones de las diversas culturas, esto llama la atención hacia la misteriosa y trágica muerte del historiador Dr. George G. M. James, que ocurrió poco tiempo después de la publicación de su libro “Legado Robado”. En la mencionada obra, el autor dice: “el término filosofía griega es un equívoco, pues no existe tal filosofía”.
En una entrevista, el presidente del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Márcio Pochmann, afirma que es necesario contar con un órgano nacional capaz de centralizar, coordinar y correlacionar las varias estadísticas nacionales. En este aspecto, la diversidad de contribuciones de los diversos pueblos tradicionales que componen Brasil es extensa, considerando las centenas de etnias indígenas que ya habitaban las “Américas” y los grupos africanos traídos al país, como los yorubás, los hausa, los jejes y, en mayoría numérica, los bantúes. Estudios científicos recientes señalan que la cultura bantu debe ser reconocida por ser ella un pilar central en la formación de Brasil. Esta afirmación se debe al hecho de que entre 1580 y 1850, cerca del 75 % de los africanos esclavizados traídos para Brasil eran de origen bantu, de los cuales la mayoría provenía de Angola y la República Democrática del Congo, y posteriormente, de Mozambique. Además de ser los primeros africanos en desembarcar en tierras brasileñas, son prioritarios en la construcción y formación de la identidad africana en el país, con sus saberes que remontan a una civilización de más de 5.500 años, con énfasis en varias áreas tecnológicas, como: gastronomía, agricultura, metalurgia, lingüística, matemática, arquitectura, producción textil, medicina tradicional, entre otras.
Por lo tanto, existe una demanda nacional para que haya una reforma en el currículo escolar de Brasil, generando un nuevo modelo metodológico de enseñanza de la historia y cultura africana y afrobrasileña, no solo en el ámbito de la educación básica (primaria y secundaria), sino también en el nivel superior, de modo que se amplíe la aplicación de la Ley 10.639/2003, que cumplió 21 años.
En este contexto, también vale destacar que hay una laguna en la historiografía brasileña del siglo XX, como por ejemplo, la traducción tardía al portugués de la obra “El Problema de la Esclavitud en la Cultura Occidental (The Problem of Slavery in Western Culture)”, de David Brion Davis, un libro que fue publicado originalmente en 1966 y que, hasta hoy, posee una actualidad extraordinaria, destacándose sin duda como un clásico sobre la historia de la esclavitud en las Américas, lo cual resulta sorprendente que solo haya merecido traducción en Brasil casi cuarenta años después de su edición original. Simultáneamente, es innegable la potencia de la cuna de la humanidad, considerando que ésta dio a luz a las primeras universidades del mundo, como la Universidad de Tombuctú, fundada en 989 d.C., en Malí, compuesta por tres centros de enseñanza: Sankoré, Djinguereber y Sidi; y la más antigua, la Universidad de Al Quaraouiyine, ubicada en Marruecos y fundada en 859 d.C.
Por lo tanto, es necesario rescatar las diversas tecnologías africanas milenarias, considerando que la arqueología contemporánea revela grandes descubrimientos sobre los pueblos más antiguos de la humanidad. Consecuentemente se entiende que la ciencia se convierte en un instrumento de revisita, ella retrata aquello que ya fue, y lo que ya fue es y siempre será, como la grafía africana del Sankofa y las pirámides de Kemet y el mecanismo de Anticitera.
Otro artefacto que expresa ese conocimiento antiguo es la Tabla de Esmeralda (o Tabla Esmeraldina), un texto atribuido a Hermes Trismegisto que dio origen a la alquimia, que data de hace unos 4000 años en Kemet. Algunas de sus versiones aparecen en textos como el Kitab Sirr al-Khaliqa wa Sanat al-Tabia (c. 650 d.C.), el Kitab Sirr al-Asar (c. 800 d.C.), el Kitab Ustuqus al-Uss al-Thani (siglo XII) y el Secretum Secretorum (c. 1140). La edición original en latín fue publicada por Chrysogonus Polydorus en Núremberg en 1541.
Y, destacando a una de las autoras eminentes sobre química, tenemos a Carol Barnes con su libro llamado “Melanina: La Clave Química para la Grandeza Negra”, cuyo título ya sugiere su tema central. En su texto, la autora dice que la palabra chemistry (química) proviene de la palabra KHEM, que es lo que los griegos llamaban Egipto en tiempos antiguos. Los griegos añadieron la vocal (e) a la palabra egipcia KHM para llegar a la palabra KHEM. KHM fue usado por los antiguos NEGROS como un término para designar al pueblo de su tierra. KHEM fue mal interpretado por los científicos occidentales para significar “TIERRA NEGRA”, en referencia al suelo. ISTRY – el estudio de un asunto particular! Chemistry [Química] – ¡el estudio de los NEGROS o la NEGRITUD! La NEGRITUD (encontrada en negros antiguos y modernos) es causada por el químico MELANINA. Por lo tanto, el estudio de la NEGRITUD = el estudio de la MELANINA. QUÍMICA = EL ESTUDIO DE LA MELANINA (NEGRITUD). De este modo, se reflexiona que el término chemistry (química) y su estudio son notablemente excluidos del plan educativo en todas las esferas en Brasil.
Siguiendo esta lógica, en 2003, el filósofo e historiador camerunés Achille Mbembe acuña el término necropolítica, reforzando esta política de muerte correlacionada con una colonización cognitiva, lo que refleja la necesidad de ir más allá del retroceso de una historia única (término utilizado por la escritora Chimamanda), generando otra epistemología que problematiza la invisibilidad de las contribuciones de los afrodescendientes en la formación y construcción de la identidad afrobrasileña. En este ámbito, se pone de manifiesto el discurso sobre los estudios de la brasilidad al tener como referencia el libro “A Ferro e Fogo”, del historiador estadounidense Warren Dean, estudioso de la brasilidad y de diversas instancias de la historiografía brasileña, que identifica un desdén con la valorización de las expresivas contribuciones de los afrodescendientes en la formación de la identidad afrobrasileña, hecho que contradice el discurso de que existe democracia racial en el país. Simultáneamente, vale destacar que ninguna área de las ciencias estudiadas en las escuelas y universidades del país incorpora los saberes tecnológicos milenarios de los pueblos del continente cuna de la humanidad, habiendo una urgente agenda de construir una universidad que integre los saberes tradicionales milenarios africanos en la cultura brasileña, considerando las relaciones de influencia con países africanos de lengua portuguesa.
REFERENCIAS
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- BRASIL. Ley Nº 10.639, de 09 de enero de 2003. Establece las directrices y bases de la educación nacional, para incluir en el currículo oficial de la red de enseñanza la obligatoriedad de la temática “Historia y Cultura Afrobrasileña”, y otras disposiciones. Brasilia, DF: Diario Oficial de la Unión, 2003.
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- El masacre olvidado de Zong, cuando 132 esclavizados fueron lanzados vivos al mar. BBC News Brasil. 12 de junio de 2021.
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- NAYUTA Capital amplía actuación en Brasil con asesoría financiera para empresas chinas.
- VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE — António Antolini, polímata italo-brasileiro, y Jim Tucker, científico de la universidad de Virginia, EE.UU. – Fe vs ciencia en la investigación de la conciencia eterna.





