Cómo el “Centrão” se convirtió en el eje invisible, pero indispensable, de la política brasileña
Por Déborah Lôbo
El “Centrão” no es un partido, ni bloque formal. No tiene estatuto, ni línea ideológica clara, ni liderazgo unificado. Aun así, es una de las fuerzas más duraderas y determinantes de la política brasileña. Actúa entre bastidores, lejos del ruido de las redes y de las disputas ideológicas, pero muy cerca de los espacios donde realmente se ejerce el poder: el presupuesto, los cargos y la articulación parlamentaria.
Mientras el Tribunal Supremo Federal (o Supremo Tribunal Federal) protagoniza decisiones de alto impacto y el Ejecutivo se balancea entre crisis y promesas, el Centrão opera en el terreno práctico. Negocia recursos, distribuye enmiendas, teje alianzas y decide, muchas veces, qué es lo que efectivamente se implementará en el país. Es el engranaje que le da forma a la teoría una vez que los focos se apagan.
A diferencia de los políticos que llegan a Brasilia impulsados por el idealismo o por la búsqueda de proyección, el Centrão actúa con pragmatismo puro. No juega para la militancia ni persigue el aplauso fácil en las redes sociales. Juega por dentro, con una lógica que se aleja de la polarización: garantizar gobernabilidad a cambio de espacio, y eso aplica para cualquier gobierno, sin importar su espectro ideológico.
Su poder se basa en la capacidad de entregar votos en el Congreso, ocupar cargos estratégicos e influir directamente en la ejecución de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Quien ignora esta estructura de poder, es devorado por ella. Quien la comprende, sabe que en Brasilia el juego rara vez se gana a los gritos, y casi siempre en la negociación.
En ese sentido, el Centrão funciona como un centro operativo de la política institucional. Puede que no entusiasme al electorado, pero es indispensable para mantener la gobernabilidad. Es previsible y esa previsibilidad tiene valor político.
Con el paso de los años, se ha convertido prácticamente en una estructura permanente, capaz de adaptarse a cualquier escenario. Independientemente de quién gane las elecciones, el Centrão sigue siendo relevante. Es, en cierta forma, una versión brasileña del “Estado profundo”: no disputa la narrativa, pero exige acceso a los instrumentos del poder. No busca protagonismo, pero cobra caro por participar.

Su longevidad es resultado de la estrategia, no del azar. En un país donde las crisis políticas son frecuentes, el Centrão entendió que la estabilidad vale más que la popularidad. Y que ocupar el centro del tablero, como en el ajedrez, garantiza el control del juego, aunque la atención pública esté puesta en los extremos.
Mientras la sociedad civil se divide entre discursos de cambio y promesas de ruptura, el Centrão permanece donde siempre ha estado: negociando, avanzando, asegurando su permanencia. Al final, no importa solo quién está en el poder, sino quién es necesario para que ese poder siga funcionando. Y el Centrão, nos guste o no, es una pieza central de ese engranaje.
Déborah Lôbo es científica política y publicista, especialista en marketing político y electoral





